Lo que el viento un día se llevó




No se acostumbra al ruido del mundo, al que es realmente fuera del vientre de mamá, lo probó ya y quiere huir. Solo se le apetece llorar, no sabe qué más hacer, no tiene aún ideas como para organizar pensamientos, que ausentes también, dejan a sus lágrimas más espacio por donde circular.

Espera que mamá comprenda el motivo de su lamento. Espera que mamá se dé cuenta de que no quiere que se le despegue la hoguera de su cuerpo jamás, que siente frio todo el tiempo aunque la arropen con cobijas, que necesita su calor humano, que todavía quiere coexistir y ya la lanzaron de golpe a la soledad, al cuerpo de a uno.

Se siente tan pequeña, minúscula, desvalida… tan sola. Se le olvidó que hace nueve meses ya que es humana, que ya no es más espermatozoide y óvulo, que ahora es vida, ¡Vida!... Y ella solo llora, y ella no entiende lo grandioso, la gloria y el triunfo que su vida significa, que aún envuelta entre sus océanos de lagrimas de cristal, es la luz de los  ojos de papá, de mamá y de cuánto ojo oportuno se cruce por su delante para admirarla.





Es que era muy bella, tanto, que cinco días fueron suficientes para que a cualquiera le quedara claro que sus ojos verdes eran un mar inmenso, que su piel era la vida y su vida… un Sol, un inmenso sol.


No hay nada más que contar.



Minda.

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El enviado del Cielo



Esta mañana, mientras la taza de café iba viajando hacia mi boca y mis ojos posados estaban en el diario que sostenía con la mano izquierda, vestido de blanco y negro apareció un hombre sentado a mi mesa.  Me asusté tanto que caí de la silla al verlo, pero, al instante me propiné dos bofetadas para hacerme reaccionar, (si era un ladrón debía enfrentarlo con mi valentía de hombre, de varón), así es que me recuperé de inmediato y me senté en la silla nuevamente, temblando, e iba a hablarle aunque no sabía qué decir, pero se antepuso su voz a mis palabras: -Vengo del cielo, tranquilízate. Es obvio que no podía tranquilizarme, pero ordené en silencio a mi rostro destensionar sus elementos, aflojar sus expresiones de espanto, e invoqué a la relajación y confianza, y proseguí,  -¿A qué vienes? -A conversar, respondió.  Me señaló con el dedo aquel que todos usamos para dicho acto,  lanzó un suspiro antes de abalanzarme lo que sería “la bola criminal de palabras”, abrió la boca nuevamente y prosiguió: “Ya es tarde para desear eso que quieres, deberías estar embarcado de regreso en el buque de los sueños, cosechando, mejor dicho riendo. Ayer pensaste que eras un niño, un jovencillo y por eso nada hiciste, y hoy, el reloj dice que ya estas viejo. Ríndete, mejor descansa, hay otros, jóvenes, esos sí jóvenes, a quienes les pertenece el mundo, tu tiempo ya pasó. El Señor de los Cielos te trae este mensaje, recíbelo con sabiduría y amor”.


… Y los sueños míos que lo escucharon y se me resbalaron hasta las esquinas de los ojos  y desde ahí les permití rodar hacia afuera.  Caían mis sueños en gotas, y, a punto estos de tocar el mundano suelo coloqué mi mano para ampararlos, y la razón que no me funcionaba ya como solía hacerlo, y yo que en silencios le daba los créditos de la verdad a las palabras del enviado del Cielo.
La mirada la apunté hacia otro lado para no mirarlo, divagué entre las baldosas, los platos sucios del lavadero y volví mis ojos a la mesa nuevamente. Me encontré con la cara de el hombre que tenia sentado delante de mí  en el diario, con un titular que decía “Impostor del Cielo: Fantasma destructor de sueños anda suelto”.




Minda

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Mi Acera




Un objeto anticuado adornando, o dependiendo de quién lo observe, empeorando el aspecto del lugar, mejor digamos la calle en donde se me ocurra estacionarme. Una antigüedad. ¡Y Pensar que en eso me convertí en realidad, en algo viejo!... La niñez y la juventud se me esfumaron extrañamente, tan rápido como sucede un chasquido de dedos. A veces pienso que fue prematuro porque no sé cómo sucedió. Es como si de repente una maldición se hubiera posado sobre mí, y un día me levanté y me observé viejo; vi mi rostro y ya se me había agotado casi como por magia la juventud, esa de la que tanto presumí, por la que vociferé sin miedo tantas cosas, por lo que me confié de que era muy pronto para preocuparse por cumplir sueños, metas y esas cosas que catalogué como secundarias. Y hoy que me paré, que me miré y todo ha sucedido tan inmediato como lo confieso, además de viejo estaba hundido, con sueños apilados llorando bajo mi almohada, mojándome las noches y las mañanas, y el rol aquel de personaje secundario que le había dado a ellos ahora me pertenecía a mí. Me desarmaba y me armaba en piezas y tuercas el calificativo aquel que me resonaba por ahí como una voz vagabunda dentro de mi cabeza: Yo, personaje secundario de mi propia historia. Yo, casi espectador de la escena no ocurrida, no sucedida. Yo, el hombre sin sueños, el anciano muerto en vida, sin rumbo, sin santo ni seña. El hombre que fue joven un día, como todos, que prefirió vivir un pasado eterno en sus días, que odiaba los futuros y que acribillaba y sigue acribillando entre tanta lamentación al presente.

Ya todos pasan por esta calle, caminan, conversan, ríen, otros lloran, y yo solo veo... A veces prefiero no ver más, y cierro mis ojos, y con la mano extendida me quedo, esperando que caiga en ella una moneda que me recuerde lo miserable y bajo que caí, que me recuerde la dependencia existencial de la lástima que tengo, la única que me hace sentir vivo, mal, pero vivo.

Ellos, los jóvenes, y hasta los viejos con más suerte que la mía, me ven y me creen un simple pordiosero. Yo soy más que eso, soy mis frustraciones gozando su victoria, mi pasado riendo, mis fracasos encarnados en mi. No me baño porque tampoco quiero que se me quiten con el agua mis desgracias, al menos así algo tengo, y sin ellas me quedaría completamente solo. Prefiero seguir aquí, durmiendo en la acera, en el cartón, cobijado con hojas de diarios y pidiendo limosnas, para al menos sentirme victorioso por existir, por habitar, por ser.




Minda

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El Final



“No existe cielo sin nubes”
Dijiste con un suspiro,
Y te quedaste callado mirando
Deseando
Pensando


Ahora eres espiritual
Reflexionas sin parar
Tú, que me asombras
Amas al viento
Y a los niños hoy


Te persignaste con las manos
Las que olían a hipocresía
En pleno acto
En pleno ritual
Clamaron

Que del mundo te vas
Así lo dijo un Galeno
Y ahora miras al cielo
Ahora sí
A la vida te aferras


Que mis labios son  ajenos ya
Aseguras
Que tu tumba lista está
Que te vas
Pero tú te quieres quedar.



Minda

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